Es muy importante hacer bien el proceso de rodado al trabajar con tela de fibra de carbono si se desea lograr una buena adherencia entre capas. Cuando las personas omiten este paso o lo realizan deficientemente, se forman pequeñas burbujas de aire junto con una distribución irregular de la resina a través del material. Estos problemas generan puntos débiles donde la estructura no es tan resistente como debería ser. El propósito principal del rodado es forzar a que la resina penetre completamente a través de la trama del tejido, de modo que cada fibra individual quede debidamente recubierta. Este proceso de saturación elimina esos molestos espacios vacíos que eventualmente podrían provocar la separación de las capas cuando se sometan a presión o movimiento con el tiempo.
Estudios muestran que el laminado manual mejora la resistencia de adhesión en un 30 % en comparación con la aplicación mediante brocha únicamente (Composite Materials Journal, 2023). La presión ejercida por rodillos especializados también expulsa burbujas de aire atrapadas, reduce los riesgos de defectos en un 40 %, crea un espesor uniforme de resina entre las capas y activa el enlace químico entre la tela y la matriz.
Omitir este paso suele provocar escasez de resina o puntos secos, defectos que debilitan la capacidad de soporte de carga y aceleran la fatiga. Para componentes sometidos a altas tensiones, como paneles automotrices o estructuras aeroespaciales, el laminado constante no es opcional; es lo que transforma la tela de fibra de carbono estratificada en un material compuesto monolítico de alto rendimiento.
Preparar la superficie es absolutamente fundamental para lograr uniones fuertes entre los materiales. Lo primero de todo, asegúrese de que todas las superficies estén completamente limpias, libres de polvo, aceite y otras suciedades que podrían interferir con la adherencia. La mayoría de los profesionales recurren a acetona o aguarrás para eliminar residuos difíciles. En el caso de materiales especialmente lisos, como paredes de hormigón o superficies metálicas, conviene rugosizarlos ligeramente. Tome un papel de lija de grano 60 a 80 y páselo bien por esas zonas hasta que queden lo suficientemente texturizadas como para adherir correctamente el siguiente material. Tampoco olvide reparar cualquier grieta u orificio en el sustrato. Utilice rellenos específicamente diseñados para el tipo de material con el que esté trabajando, dejándolos curar adecuadamente antes de continuar. Al aplicar la resina, extiéndala ligera y uniformemente sobre la superficie utilizando una llana dentada. Apunte a un cobertura de alrededor del 70 % para evitar que queden zonas secas visibles. La tela de fibra de carbono debe colocarse inmediatamente, mientras la resina aún esté pegajosa, asegurándose de que haya una superposición de aproximadamente una o dos pulgadas donde las piezas se encuentren en los bordes, para garantizar un refuerzo adecuado.
Un rodillo de fibra de carbono dentado funciona mejor cuando se coloca en ángulo recto respecto al tejido de la tela, aplicando una presión de aproximadamente 15 a 20 psi. Mantenga el rodillo en movimiento a un ritmo constante y moderado, aproximadamente un pie por segundo, comenzando desde el centro y avanzando hacia afuera para expulsar las burbujas de aire del material. Asegúrese de que cada pasada se superponga aproximadamente a la mitad de la anterior, utilizando únicamente trazos rectos hacia adelante. Los movimientos de ida y vuelta tienden a dañar las fibras, por lo que debe limitarse a pasadas en una sola dirección siempre que sea posible. Al trabajar con múltiples capas, déjelas reposar entre 30 y 40 minutos antes de añadir otra capa. Este tiempo de espera permite que la resina alcance un estado semigelificado, listo para recibir la siguiente capa. Compruebe siempre visualmente qué tan bien ha penetrado la resina en el tejido. Las áreas que se ven transparentes son una buena señal de saturación adecuada, pero si aún hay manchas blancas visibles, esos puntos requieren más atención con el rodillo para garantizar una cobertura completa.
Cuando el aire queda atrapado entre capas de tela de fibra de carbono, debilita considerablemente toda la estructura y reduce su capacidad para soportar cargas pesadas. La clave aquí consiste en pasar rodillos sobre el material formando aproximadamente un ángulo de 45 grados, asegurándose de que se superpongan ligeramente para que el aire sea expulsado gradualmente hacia los bordes. También es muy importante mantener la consistencia adecuada de la resina durante su aplicación. Si la humedad del taller supera el 60 %, la resina tiende a curarse más rápido de lo esperado, lo cual atrapa precisamente esas molestas burbujas en lugar de permitir que escapen. En piezas utilizadas en aeronaves, donde la calidad es absolutamente esencial, los fabricantes suelen realizar lo que se conoce como controles secuenciales de validación. Después de cada pasada del rodillo, alguien debe examinar cuidadosamente la superficie de trabajo desde distintos ángulos y bajo luces intensas antes de que la resina comience a gelificarse. De acuerdo con estudios recientes publicados el año pasado en Composites Manufacturing Analysis, las instalaciones que cambian de movimientos simples de ida y vuelta a estos patrones cruzados observan aproximadamente un 92 por ciento menos de formación de burbujas en general.
Una presión inconsistente crea zonas deficientes en resina donde las fibras se desprenden bajo tensión. Utilice rodillos calibrados con películas sensibles a la presión para verificar una presión de 15—20 psi en toda la superficie; variaciones superiores a ±2 psi aumentan el riesgo de deslaminación en un 40 % (Polymer Engineering Reports, 2024). Los puntos críticos de control incluyen:
Estudios con imágenes térmicas confirman que una presión uniforme del rodillo reduce la aparición de puntos secos de 1 por cada 0,5 m² a menos de 1 por cada 5 m².
La elección del rodillo óptimo para el laminado de tela de fibra de carbono requiere una consideración cuidadosa de la compatibilidad de materiales y la integridad estructural. Los rodillos no reactivos y no porosos evitan la contaminación y resisten la absorción de resina, lo cual preserva el rendimiento y la consistencia. La investigación indica que la selección inadecuada de rodillos contribuye hasta en un 40 % a los fallos de adherencia en proyectos compuestos.
El mantenimiento es muy importante para mantener los rodillos en buen estado. Después de cada uso, límpielos rápidamente con el disolvente que mejor funcione para el trabajo, antes de que cualquier resina comience a endurecerse sobre ellos. No olvide revisar regularmente signos de desgaste: busque pequeños cortes o deformaciones que podrían atrapar fibras durante la operación. Y el almacenamiento también es importante; siempre guárdelos en posición vertical en un lugar donde la temperatura permanezca bastante estable, para que no se doblen con el tiempo. Las personas que siguen este tipo de cuidado rutinario suelen descubrir que sus rodillos duran aproximadamente el doble que aquellos que se dejan sin usar o almacenados inadecuadamente.

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